Y al César lo que es del César. Para preservar nuestra ya muy desgastada categoría de seres humanos es necesario rescatar la dignidad y la justicia. Es altamente probable que al morir seamos juzgados por lo que hagamos en nuestra vida, pero también seremos juzgados por lo que no hicimos. La justicia divina no nos exime de hacer nuestro trabajo terrenal y parte de él es buscar la justicia entre los hombres. Ser tolerantes con la injusticia nos hace injustos a nosotros mismos.
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